Este verano, desde Sóller Ben Amunt, hemos puesto rumbo a uno de los rincones más remotos y espectaculares del planeta: el norte de Pakistán.

Un grupo de mallorquines con ganas de aventura ha sido el protagonista de este viaje, nuestra primera expedición de trekking en Pakistán. Durante casi dos semanas hemos recorrido algunos de los paisajes más salvajes de la cordillera del Karakórum, entre glaciares, grandes paredes de granito y algunas de las montañas más altas del mundo.

K2

El Karakórum y los grandes ochomiles

El Karakórum se extiende por el norte de Pakistán y, junto con el Himalaya, concentra algunas de las montañas más impresionantes del planeta. En esta cordillera se encuentran cinco de los catorce ochomiles del mundo.

Y entre todos ellos destaca especialmente uno: el K2 (Chhogori, en lengua balti), con 8.611 metros, la segunda montaña más alta de la Tierra.

Pero llegar hasta el pie del K2 no es sencillo. No hay carreteras ni infraestructuras que permitan acceder fácilmente a este territorio. Para llegar hasta allí hay que caminar durante días por un paisaje inmenso y prácticamente aislado de la civilización, avanzando por uno de los grandes glaciares del Karakórum.

Karakorum

12 días remontando el glaciar del Baltoro

Durante 12 días de trekking hemos remontado el glaciar del Baltoro, uno de los glaciares de montaña más largos del mundo.

A medida que avanzábamos, el paisaje iba ganando espectacularidad. Las montañas aparecían cada vez más cerca y las grandes torres de granito nos rodeaban por todas partes.

Nuestro primer gran objetivo era llegar a Concordia, el punto donde confluyen los glaciares del Baltoro y del Godwin-Austen.

Concordia es uno de esos lugares difíciles de explicar con palabras. Nos encontrábamos rodeados por algunas de las montañas más impresionantes del planeta: los Gasherbrums, el Broad Peak y, dominando el horizonte, el K2.

Después de varios días caminando entre glaciares y montañas, llegar hasta aquí fue uno de los grandes momentos del viaje.

G-IV

Gondogoro La: el gran reto

Pero todavía nos esperaba el que probablemente sería el momento más exigente de toda la travesía.

El Gondogoro La, un collado situado a más de 5.580 metros de altitud, era el gran desafío antes de iniciar el descenso hacia el valle de Hushe.

Superar este paso requirió esfuerzo, concentración y capacidad de adaptación a las condiciones de la alta montaña. Después de varios días caminando por encima de los 4.000 metros, el cansancio ya estaba presente, pero también las ganas de alcanzar el punto culminante de la travesía.

Desde el collado, la recompensa fue enorme: un paisaje de alta montaña difícil de olvidar y la sensación de haber atravesado uno de los territorios más remotos del Karakórum.

A partir de aquí comenzaba el descenso.

Poco a poco, las grandes montañas quedaban atrás y, a través del valle de Hushe, iniciábamos nuestro regreso hacia la civilización.

Gondogoro La (5.585m)

Una aventura que no sería posible sin ellos

Un trekking de estas características no sería posible sin todas las personas que trabajan para que cada jornada pueda comenzar.

Porteadores, cocineros, guías locales y todo el equipo pakistaní fueron una parte esencial de la expedición. Día tras día se encargaban de transportar el material, montar y desmontar los campamentos, preparar las comidas y cuidar todos los detalles que permiten caminar durante semanas por un territorio tan remoto.

Más allá de las montañas y los paisajes, compartir el camino con ellos también ha sido una de las grandes experiencias que nos llevamos de este viaje.

Porters

Nanga Parbat: un último regalo

Después de completar el trekking del Baltoro y el Gondogoro La, todavía nos esperaba una última parada antes de dar por terminada la aventura.

De regreso hacia Islamabad nos desviamos hasta el Nanga Parbat, conocido como la montaña asesina.

Con 8.126 metros, es uno de los grandes ochomiles de Pakistán y el único de los cinco que no habíamos podido contemplar durante el trekking por el Karakórum.

Allí pasamos unos días muy diferentes, a los pies de esta montaña inmensa, rodeada de prados verdes y floridos. Un contraste espectacular después de los glaciares, la roca y los paisajes áridos del Baltoro.

Nanga Parbat

Pakistán, una experiencia para recordar

Después de muchos días caminando, durmiendo en campamentos, atravesando glaciares y compartiendo horas y horas de montaña, regresamos a casa con la mochila llena de experiencias.

Pakistán nos ha sorprendido por la inmensidad de sus paisajes, por su gente y, sobre todo, por la sensación de haber vivido una aventura realmente lejos de la civilización.

Una experiencia inolvidable para todo el grupo.

Y ahora ya estamos pensando en la próxima aventura.

El próximo viaje de trekking de Sóller Ben Amunt será en Nepal, este mes de noviembre.

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